ASOCIACION LATINOAMERICANA DE MEDICINA SOCIAL

TALLER LATINOAMERICANO SOBRE DETERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD


Carolina Martínez Salgado

 

Introducción

En nuestro pequeño grupo de estudio, a fines de los ochenta, empezamos a ensayar con el muy fenoménico término de condiciones para la salud para referirnos al conjunto de circunstancias económicas,sociales, demográficas, ambientales y culturales en las cuales se especifica la calidad de la reproducción cotidiana de los integrantes de los distintos grupos de la población, entendidas como marco específico que acota las probabilidades de sufrir determinados daños a la salud -esto es, lo que desde la perspectiva epidemiológica se concibe como riesgos-, y también las particulares formas de "estar sano" de quienes forman parte de cada uno de estos grupos.8 Postulábamos entonces que las condiciones para la salud se encuentran asociadas tanto a las formas de “estar sano” como a los riesgos y los daños (morbilidad y mortalidad) que afectan a las personas (Córdova et al, 1989a:131; Córdova et al, 1989b:80; Martínez, 1993).


En mi caso, pronto me resultó evidente que para profundizar en la comprensión de los procesos a través de los cuales las distintas expresiones de la salud y los perfiles patológicos de los integrantes de la población se fraguan en el molde de estas circunstancias, sería necesario ir más allá de los conceptos mismos de la epidemiología, que se convirtió para mí en un puente para transitar desde las preguntas sobre la configuración de la problemática de salud hacia la búsqueda de nuevas respuestas con el auxilio de otras disciplinas: la sociología, la demografía, la antropología, la historia e incluso el psicoanálisis, cada una de ellas en sus versiones más críticas (Martínez, 1994).

Con el tiempo, me formé la impresión de que si la epidemiología había de aproximarse con mayor penetración al entendimiento de cómo el mundo en el que vive la gente da lugar a la ocurrencia de sus padecimientos, sería necesaria su apertura no sólo a los avances del conocimiento científico natural (y de la estadística), sino también a las concepciones epistemológicas, históricas, económicas y sociales más recientes (Martínez y Leal, 2003). Esto le permitiría quizá avanzar de conceptos como el de temporalidad al de historicidad; el de ambiente al de contexto histórico; el de persona a tipificar, al de sujeto con toda la rica multidimensionalidad que este último involucra. A manera de ilustraciones,quisiera mencionar solamente una o dos de las ideas planteadas por algunos de los autores cuyas importantes obras se ofrecen a nuestro estudio como invitación para esta “apertura” (Ibíd).

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"Abrir" la Epidemiología


Publicado: 02-06-2010

ASOCIACION LATINOAMERICANA DE MEDICINA SOCIAL

TALLER LATINOAMERICANO SOBRE DETERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD


Carolina Martínez Salgado

 

Introducción

En nuestro pequeño grupo de estudio, a fines de los ochenta, empezamos a ensayar con el muy fenoménico término de condiciones para la salud para referirnos al conjunto de circunstancias económicas,sociales, demográficas, ambientales y culturales en las cuales se especifica la calidad de la reproducción cotidiana de los integrantes de los distintos grupos de la población, entendidas como marco específico que acota las probabilidades de sufrir determinados daños a la salud -esto es, lo que desde la perspectiva epidemiológica se concibe como riesgos-, y también las particulares formas de "estar sano" de quienes forman parte de cada uno de estos grupos.8 Postulábamos entonces que las condiciones para la salud se encuentran asociadas tanto a las formas de “estar sano” como a los riesgos y los daños (morbilidad y mortalidad) que afectan a las personas (Córdova et al, 1989a:131; Córdova et al, 1989b:80; Martínez, 1993).


En mi caso, pronto me resultó evidente que para profundizar en la comprensión de los procesos a través de los cuales las distintas expresiones de la salud y los perfiles patológicos de los integrantes de la población se fraguan en el molde de estas circunstancias, sería necesario ir más allá de los conceptos mismos de la epidemiología, que se convirtió para mí en un puente para transitar desde las preguntas sobre la configuración de la problemática de salud hacia la búsqueda de nuevas respuestas con el auxilio de otras disciplinas: la sociología, la demografía, la antropología, la historia e incluso el psicoanálisis, cada una de ellas en sus versiones más críticas (Martínez, 1994).

Con el tiempo, me formé la impresión de que si la epidemiología había de aproximarse con mayor penetración al entendimiento de cómo el mundo en el que vive la gente da lugar a la ocurrencia de sus padecimientos, sería necesaria su apertura no sólo a los avances del conocimiento científico natural (y de la estadística), sino también a las concepciones epistemológicas, históricas, económicas y sociales más recientes (Martínez y Leal, 2003). Esto le permitiría quizá avanzar de conceptos como el de temporalidad al de historicidad; el de ambiente al de contexto histórico; el de persona a tipificar, al de sujeto con toda la rica multidimensionalidad que este último involucra. A manera de ilustraciones,quisiera mencionar solamente una o dos de las ideas planteadas por algunos de los autores cuyas importantes obras se ofrecen a nuestro estudio como invitación para esta “apertura” (Ibíd).


Algunas corrientes históricas contemporáneas (Braudel, 1989) muestran, por ejemplo, que las sociedades siguen siempre cursos más complejos que los que las visiones lineales son capaces de figurar. Su estudio nos permitiría acercarnos a interpretaciones menos simples y reductivas de las transformaciones en el perfil de daños y sus relaciones con el mundo en el que se originan.9 Esta perspectiva nos ayudaría quizá también a imaginar diferentes destinos posibles hacia los cuales intentar conducir a nuestra iatrogénica sociedad actual.


Ahora bien, si como lo señala Morin (1997), la complejidad antropo-social que constituye la realidad en la que vivimos no puede ser eludida, disuelta ni ocultada pese a todas las dificultades que su inteligibilidad nos plantea, mejor haríamos en partir de ese reconocimiento. De ese modo, el uso de indicadores epidemiológicos que (incluso los más sofisticados) fragmentan y “congelan” los procesos para hacerlos mensurables, no nos llevaría a desentendernos de la verdadera complejidad del mundo del cual abstraemos los fenómenos a los que con ellos pretendemos acercarnos. ¿O cómo, si no, podríamos explicarnos que en la realidad resulte tan utópica e inalcanzable una alternativa tan atractiva como la del “trabajo justo” en el sentido al que apuntan los integrantes de EMCONET (2007), que seguramente se correlacionaría en forma estadísticamente significativa con mejores niveles de salud?.

 

En su diálogo con Cyrulnic, Morin comentaba que hacía falta una reforma en las estructuras de pensamiento que nos permitiera concebir como conjunciones (o incluso como implicaciones mutuas) lo que acostumbramos pensar como disyunciones (Cyrulnic y Morin, 2005). Morin ha insistido a lo largo de su obra entera en ese punto: aprender a generar un conocimiento que articule lo disjunto y complejize lo simplificado (Morin, 1999). Si así fuera, disciplinas como la epidemiología social podrían avanzar hacia la superación de ese pensamiento dicotómico (o, como diría Morin, disyuntivo) que la lleva a oponer lo social a lo biológico, lo individual a lo colectivo, la prevención a la curación, el sujeto al objeto.


En el estudio social de los problemas de salud, por ejemplo, ¿es posible desestimar el peso del basamento biológico humano? Nuestro pequeño grupo de estudio consideró que no, por más que esta modalidad humanizada de lo biológico se distinga en mucho de otras modalidades de expresión de la vida. Así que nos interesamos en indagar sobre la configuración de esta particular forma de materialidad biológica elaborada simbólicamente que es el cuerpo, en perpetua e íntima relación con las condiciones específicas del mundo en el que se encuentra; el cuerpo, en donde el sujeto humano vive la enfermedad y en donde esa experiencia adquiere sentido (Córdova et al, 1992; Martínez, 2008a).10 El organismo biológico de cada recién nacido -con su particular dotación genética- atraviesa por todo un proceso de...

 

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8 Porque, como se podría derivar de las valiosas enseñanzas de Canguilhem, al igual que los caminos que se abre la vida,
no hay una sola forma (normativa) de lograr la salud; los caminos que pueden conducir a ella son múltiples, y
seguramente muchos de ellos aún inéditos (Martínez, 2008).

9 Esto que la epidemiología moderna concibe como “constelaciones causales” (Rothman, 1989), pero que quizá podríamos tratar de abordar desde perspectivas que nos permitieran ir más allá de lo que puede ver el método científico,
heredero del pensamiento cartesiano que para conocer divide, simplifica, reduce, y al separar al sujeto del objeto que pretende conocer, lo enajena del mundo del que forma parte y también de sus descubrimientos (Berman, 1995).
10 Y para ello, los aportes del psicoanálisis y de la antropología nos resultaron de enorme valor.

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Carolina Martínez Salgado

 

Introducción

En nuestro pequeño grupo de estudio, a fines de los ochenta, empezamos a ensayar con el muy fenoménico término de condiciones para la salud para referirnos al conjunto de circunstancias económicas,sociales, demográficas, ambientales y culturales en las cuales se especifica la calidad de la reproducción cotidiana de los integrantes de los distintos grupos de la población, entendidas como marco específico que acota las probabilidades de sufrir determinados daños a la salud -esto es, lo que desde la perspectiva epidemiológica se concibe como riesgos-, y también las particulares formas de "estar sano" de quienes forman parte de cada uno de estos grupos.8 Postulábamos entonces que las condiciones para la salud se encuentran asociadas tanto a las formas de “estar sano” como a los riesgos y los daños (morbilidad y mortalidad) que afectan a las personas (Córdova et al, 1989a:131; Córdova et al, 1989b:80; Martínez, 1993).


En mi caso, pronto me resultó evidente que para profundizar en la comprensión de los procesos a través de los cuales las distintas expresiones de la salud y los perfiles patológicos de los integrantes de la población se fraguan en el molde de estas circunstancias, sería necesario ir más allá de los conceptos mismos de la epidemiología, que se convirtió para mí en un puente para transitar desde las preguntas sobre la configuración de la problemática de salud hacia la búsqueda de nuevas respuestas con el auxilio de otras disciplinas: la sociología, la demografía, la antropología, la historia e incluso el psicoanálisis, cada una de ellas en sus versiones más críticas (Martínez, 1994).

Con el tiempo, me formé la impresión de que si la epidemiología había de aproximarse con mayor penetración al entendimiento de cómo el mundo en el que vive la gente da lugar a la ocurrencia de sus padecimientos, sería necesaria su apertura no sólo a los avances del conocimiento científico natural (y de la estadística), sino también a las concepciones epistemológicas, históricas, económicas y sociales más recientes (Martínez y Leal, 2003). Esto le permitiría quizá avanzar de conceptos como el de temporalidad al de historicidad; el de ambiente al de contexto histórico; el de persona a tipificar, al de sujeto con toda la rica multidimensionalidad que este último involucra. A manera de ilustraciones,quisiera mencionar solamente una o dos de las ideas planteadas por algunos de los autores cuyas importantes obras se ofrecen a nuestro estudio como invitación para esta “apertura” (Ibíd).

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