Por Jaime Breilh

Una profunda consternación ha causado en la comunidad científica latinoamericana la noticia del fallecimiento de Andrés Carrasco, científico argentino, militante por la vida, quien debido a su trabajo científico infatigable, a su adhesión profunda a la defensa de las comunidades afectadas por el agro-negocio, y a su desbordante calidad humana, se posicionó en la conciencia latinoamericana como un verdadero paradigma de la ciencia necesaria, ahora que enfrentamos un mundo atenazado por el proyecto productivista que sustenta la aceleración del gran capital y el poder político que lo legitima, con sus devastadores impactos.

Lo conocimos hace pocos años a raíz de sus hallazgos científicos sobre el efecto del herbicida glifosato –eje del monopolio agrícola soyero argentino- en la disrupción biológica de embriones anfibios; un estudio que pudo romper la celosa barrera editorial de las revistas arbitradas de prestigio, publicándose en la revista Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) en 2010. Era el tipo de evidencia dura que llenaba un vacío para quienes buscábamos desmontar el discurso de supuesta inocuidad de los agrotóxicos llamados “seguros”, que forman parte del paquete de usos tecnológicos destructivos que forma el corazón del modelo agrario imperante.

Más como no podía ser de otra manera, un trabajo científico de esa naturaleza, realizado en contracorriente con poderosos intereses, no podía forjarse sin un consistente desarrollo de reflexiones sobre el papel de la ciencia en la sociedad. De ahí el legado que nos deja Andrés y que llena con pleno merecimiento lo mejor de la reserva ética y teórica del pensamiento científico crítico latinoamericano, amenazado ahora, no sólo desde el flanco de la vigilancia de los grandes negocios, sino desde la miopía del productivismo apoyado desde esferas de lo público.

">

Andrés Carrasco: la ética incorruptible de la ciencia


Publicado: 11-05-2014

andres-carrasco-2Por Jaime Breilh

Una profunda consternación ha causado en la comunidad científica latinoamericana la noticia del fallecimiento de Andrés Carrasco, científico argentino, militante por la vida, quien debido a su trabajo científico infatigable, a su adhesión profunda a la defensa de las comunidades afectadas por el agro-negocio, y a su desbordante calidad humana, se posicionó en la conciencia latinoamericana como un verdadero paradigma de la ciencia necesaria, ahora que enfrentamos un mundo atenazado por el proyecto productivista que sustenta la aceleración del gran capital y el poder político que lo legitima, con sus devastadores impactos.

Lo conocimos hace pocos años a raíz de sus hallazgos científicos sobre el efecto del herbicida glifosato –eje del monopolio agrícola soyero argentino- en la disrupción biológica de embriones anfibios; un estudio que pudo romper la celosa barrera editorial de las revistas arbitradas de prestigio, publicándose en la revista Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) en 2010. Era el tipo de evidencia dura que llenaba un vacío para quienes buscábamos desmontar el discurso de supuesta inocuidad de los agrotóxicos llamados “seguros”, que forman parte del paquete de usos tecnológicos destructivos que forma el corazón del modelo agrario imperante.

Más como no podía ser de otra manera, un trabajo científico de esa naturaleza, realizado en contracorriente con poderosos intereses, no podía forjarse sin un consistente desarrollo de reflexiones sobre el papel de la ciencia en la sociedad. De ahí el legado que nos deja Andrés y que llena con pleno merecimiento lo mejor de la reserva ética y teórica del pensamiento científico crítico latinoamericano, amenazado ahora, no sólo desde el flanco de la vigilancia de los grandes negocios, sino desde la miopía del productivismo apoyado desde esferas de lo público.

Su afirmación de que “la ciencia no ve lo social en el laboratorio”, y que “la ciencia debe corregir la falsa incompatibilidad entre el derecho social y lo científico”, al provenir de quien fuera jefe del Laboratorio de Embriología de la Universidad de Buenos Aires, es un argumento de peso frente a la necesidad actual de defender en las universidades y centros de investigación la guía de un pensamiento crítico, independiente, socialmente informado y culturalmente enraizado.

Andrés Carrasco fue un paradigma también del profundo sentido transformador de la ciencia. Con su acostumbrada claridad, afirmó que “la ciencia no es en sí misma transformadora, pero puede ser un instrumento de emancipación cuando se enlaza a procesos colectivos emancipadores”.

El peso de su reconocida experiencia le permitió comprender el secuestro y deformación que operan sobre el futuro de las universidades y centros de investigación en América Latina. Forjó una mirada esclarecedora que es una voz de alerta frente al descarrilamiento de las inversiones públicas en educación. Así, consultado sobre su criterio acerca del proyecto Tecnópolis -asumido como un proyecto futurista tecnocrático-, aseveró con fino sentido pedagógico, que había que “bajarse de la globalización”, construir soberanamente y con independencia centros del pensamiento crítico, más allá de las fantasías científicas, aseverando que, tal como se ve, Tecnópolis es mas que nada “una construcción de la Argentina que no fue” y una “celebración del poder del conocimiento ahistórico y recortado”.

Legado formidable nos deja este querido e inolvidable amigo, con quien teníamos previsto un papel importante en nuevos proyectos internacionales de cooperación científica. Su sabiduría no radicó solamente en la biología, sino en juntar su trabajo, muy cerca de su pueblo, con la construcción de una utopía preñada de felicidad y amor por la vida.

Por Jaime Breilh

Una profunda consternación ha causado en la comunidad científica latinoamericana la noticia del fallecimiento de Andrés Carrasco, científico argentino, militante por la vida, quien debido a su trabajo científico infatigable, a su adhesión profunda a la defensa de las comunidades afectadas por el agro-negocio, y a su desbordante calidad humana, se posicionó en la conciencia latinoamericana como un verdadero paradigma de la ciencia necesaria, ahora que enfrentamos un mundo atenazado por el proyecto productivista que sustenta la aceleración del gran capital y el poder político que lo legitima, con sus devastadores impactos.

Lo conocimos hace pocos años a raíz de sus hallazgos científicos sobre el efecto del herbicida glifosato –eje del monopolio agrícola soyero argentino- en la disrupción biológica de embriones anfibios; un estudio que pudo romper la celosa barrera editorial de las revistas arbitradas de prestigio, publicándose en la revista Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) en 2010. Era el tipo de evidencia dura que llenaba un vacío para quienes buscábamos desmontar el discurso de supuesta inocuidad de los agrotóxicos llamados “seguros”, que forman parte del paquete de usos tecnológicos destructivos que forma el corazón del modelo agrario imperante.

Más como no podía ser de otra manera, un trabajo científico de esa naturaleza, realizado en contracorriente con poderosos intereses, no podía forjarse sin un consistente desarrollo de reflexiones sobre el papel de la ciencia en la sociedad. De ahí el legado que nos deja Andrés y que llena con pleno merecimiento lo mejor de la reserva ética y teórica del pensamiento científico crítico latinoamericano, amenazado ahora, no sólo desde el flanco de la vigilancia de los grandes negocios, sino desde la miopía del productivismo apoyado desde esferas de lo público.

" addthis:media="http://www.uasb.edu.ec/image/image_gallery?img_id=1004694">
Bookmark and Compartir
452