MMarquezEspero que estas palabras te lleguen en ese espacio donde radica la memoria permanente de los compañeros que como tú, alcanzaron el grado mayor del compromiso en la escala de Brecht: “los que luchan toda la vida”, los indispensables.

Nunca olvidaré esos primeros años de AFEME, cuando llegaste a Quito dejando tu querida Cuenca; dejando también esas otras huellas fecundas de tu paso por el decanato de la Facultad de Ciencias Médicas, donde ya comenzaste a dar prueba de tu legítimo amor por la vida, y por nuestra gente. Ya para esos años se habían clavado en tu alma inquieta y en tu corazón revolucionario, las esperanzas y desafíos del pueblo, como eje de tus sueños y de tu infatigable lucha por los derechos.

Nunca me olvidaré Masho querido de las fecundas jornadas que organizaste junto a Juan Cesar y a María Isabel, para convocarnos y apoyarnos a los que entonces éramos las nuevas camadas de una juventud sedienta de participar en la construcción de un proyecto por la vida y por el derecho a la salud. Fue la sabia y el aliento de esas sesiones abiertas a los sueños, el impulso inicial de lo que con los años devino en el movimiento latinoamericano de Medicina Social.

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Carta al “Masho Márquez”


Publicado: 02-02-2014

MMarquezEspero que estas palabras te lleguen en ese espacio donde radica la memoria permanente de los compañeros que como tú, alcanzaron el grado mayor del compromiso en la escala de Brecht: “los que luchan toda la vida”, los indispensables.

Nunca olvidaré esos primeros años de AFEME, cuando llegaste a Quito dejando tu querida Cuenca; dejando también esas otras huellas fecundas de tu paso por el decanato de la Facultad de Ciencias Médicas, donde ya comenzaste a dar prueba de tu legítimo amor por la vida, y por nuestra gente. Ya para esos años se habían clavado en tu alma inquieta y en tu corazón revolucionario, las esperanzas y desafíos del pueblo, como eje de tus sueños y de tu infatigable lucha por los derechos.

Nunca me olvidaré Masho querido de las fecundas jornadas que organizaste junto a Juan Cesar y a María Isabel, para convocarnos y apoyarnos a los que entonces éramos las nuevas camadas de una juventud sedienta de participar en la construcción de un proyecto por la vida y por el derecho a la salud. Fue la sabia y el aliento de esas sesiones abiertas a los sueños, el impulso inicial de lo que con los años devino en el movimiento latinoamericano de Medicina Social.

El vértigo de tu compromiso te llevó a recorrer una diversidad de caminos y activar en innumerables escenarios que fueron multiplicándose en este Sur de América. A tu pasión por el proceso orgánico de construcción del proyecto popular se sumó tu faceta de lector incansable y tu apoyo permanente al avance científico que te mereció múltiples reconocimientos y tu designación como Miembro Honorario de la Academia de Ciencias en Cuba.

Estoy seguro que ya vendrán múltiples formas de honrar tu memoria, yo sólo quería por ahora compartir con los cuadros de las nuevas generaciones de la salud colectiva estas vibraciones que se despiertan cuando recorro con el pensamiento los cálidos y gratificantes recuerdos de tantas jornadas en que pude atestiguar tu compromiso incansable por la vida y por la construcción internacionalista de esa nueva sociedad por la que luchaste con la intensa porfía de quienes respiran por los poros de un profundo compromiso militante.

Jaime Breilh

Quito, 3 de febrero el 2014

MMarquezEspero que estas palabras te lleguen en ese espacio donde radica la memoria permanente de los compañeros que como tú, alcanzaron el grado mayor del compromiso en la escala de Brecht: “los que luchan toda la vida”, los indispensables.

Nunca olvidaré esos primeros años de AFEME, cuando llegaste a Quito dejando tu querida Cuenca; dejando también esas otras huellas fecundas de tu paso por el decanato de la Facultad de Ciencias Médicas, donde ya comenzaste a dar prueba de tu legítimo amor por la vida, y por nuestra gente. Ya para esos años se habían clavado en tu alma inquieta y en tu corazón revolucionario, las esperanzas y desafíos del pueblo, como eje de tus sueños y de tu infatigable lucha por los derechos.

Nunca me olvidaré Masho querido de las fecundas jornadas que organizaste junto a Juan Cesar y a María Isabel, para convocarnos y apoyarnos a los que entonces éramos las nuevas camadas de una juventud sedienta de participar en la construcción de un proyecto por la vida y por el derecho a la salud. Fue la sabia y el aliento de esas sesiones abiertas a los sueños, el impulso inicial de lo que con los años devino en el movimiento latinoamericano de Medicina Social.

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