Por Carlos Fermin

Valorar el Medio Ambiente, siempre ha sido una triste realidad esquiva para el transitar de la Humanidad. La importancia de preservar nuestro hábitat de vida, nunca fue la prioridad de las civilizaciones que poblaron los cimientos de la Tierra, para agraciar a la guerra, el dogma y el apego a lo material. A través del tiempo, el Hombre se encargó de hipotecar el destino de la Pachamama, por el perverso capricho del ecocidio.

Tras aprender con éxito la lección de sus ancestros, la Sociedad global no sólo le dio la espalda a la paz de la Naturaleza, sino que diariamente conspira para destruirla a mansalva. El fin sigue justificando el medio, cuando se trata de rentabilizar los recursos “verdes” que afloran en todo el Mundo. Si mezclamos un poco de canibalismo corporativo, con bastante consumismo irracional de la gente y se le agrega el mensaje subliminal que trasmite la TV, se crea una receta mágica para que la impunidad ecológica encienda las llamas de la extinción humana.

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El gran dilema ecológico de la Sociedad Moderna


Publicado: 19-03-2013

Por Carlos Fermin

Valorar el Medio Ambiente, siempre ha sido una triste realidad esquiva para el transitar de la Humanidad. La importancia de preservar nuestro hábitat de vida, nunca fue la prioridad de las civilizaciones que poblaron los cimientos de la Tierra, para agraciar a la guerra, el dogma y el apego a lo material. A través del tiempo, el Hombre se encargó de hipotecar el destino de la Pachamama, por el perverso capricho del ecocidio.

Tras aprender con éxito la lección de sus ancestros, la Sociedad global no sólo le dio la espalda a la paz de la Naturaleza, sino que diariamente conspira para destruirla a mansalva. El fin sigue justificando el medio, cuando se trata de rentabilizar los recursos “verdes” que afloran en todo el Mundo. Si mezclamos un poco de canibalismo corporativo, con bastante consumismo irracional de la gente y se le agrega el mensaje subliminal que trasmite la TV, se crea una receta mágica para que la impunidad ecológica encienda las llamas de la extinción humana.

Por desgracia, vivimos dentro de un estigma que posiciona a la Ecología, como una problemática elitista que pasa por la mente de quienes no tienen que pagar la luz, el teléfono y el agua para subsistir y llevar las riendas de una familia. La mayoría de las personas consideran que los temas socio-ambientales no son relevantes en el discernir colectivo que enfrentan a diario. No reconocen que la salud del Medio Ambiente es la clave para realizar las cronometradas actividades de la rutina laboral, académica u hogareña. Al comprender que nuestras acciones generan una reacción positiva o destructiva en el entorno que albergamos, se establece un proceso de sensibilización por internalizar. Así, es posible identificar y denunciar los delitos que alteren el equilibrio de los ecosistemas.

La deposición de basura a cielo abierto, la contaminación de las aguas por desechos industriales, la venta ilegal de fauna exótica, los gases tóxicos que desprenden los vehículos al aire, la deforestación en áreas verdes, el maltrato a las mascotas, las perturbaciones sónicas del caos urbano, el abuso de las fuentes de luz artificial y atropellos similares, son ecocidios que padecemos con frecuencia y que se esconden en la negación y la complicidad de los individuos. Necesitamos que usted denuncie oportunamente esos agravios y que de buena fe coopere con los entes judiciales de su ciudad, para castigar a los culpables. En cada país, existen leyes vigentes, líneas telefónicas gratuitas y despachos policiales, que deben valorar los casos que se presenten por daños a la Naturaleza.

El problema se intensifica debido a la falta de contenidos ecológicos sistemáticos en las cátedras que se imparten en los colegios públicos y privados alrededor del planeta Tierra. La educación ambiental, debe ir más allá de las políticas que desarrolla un país, del pensum de estudio de cada escuela y de los valores que fomenten los padres en sus hijos. Nos preocupa que los niños y adolescentes, no sientan culpa de atentar contra los ríos, árboles y animales que yacen en sus localidades. Por eso vemos, como la Ecología se debate en el libre albedrío global, ya que para algunos es una mercancía y para otros simplemente NO existe.

Recordemos que la Ecología es la ciencia que estudia las relaciones de los Seres Vivos entre sí y con su entorno. Para que esa dualidad de vida sea realmente sostenible y sustentable, debemos olvidar los errores del pasado que hicieron llorar a la Pachamama y hacer del presente una gran oportunidad de encaminar un futuro verde y conservacionista. Lo triste, es que en la actualidad no hay luces de cambios drásticos positivos en el horizonte de la Tierra. La extrema desigualdad social, económica y cultural que impera en el Mundo, destruye la anterior plegaria ecológica y la convierte en algo más que una utopía. Estamos presos dentro de un macabro juego encabezado por el Tío Sam, en el que la única regla es lanzar los dardos del dinero hacia el centro del abismo. Allí, no importa que la gente muera por una gota de agua, que el marfil se siga traficando en África y que se pierda la última semilla que floreció en el Sahara.

¿Te imaginas qué pasaría si la Tierra no tuviera el poder de auto-regenerarse? Que si talaras un árbol, jamás se pudiera resembrar. Que si quemaras un área verde, jamás se pudiera reforestar. Que si cometieras un error, jamás se pudiera perdonar. Si esa fuera la ley natural de la Vida, usted no estuviera leyendo mis palabras. De hecho, el llamado “bólido de Chelyabinsk” que cayó en Rusia el 15 de febrero del 2013, demostró que el milagro fortuito de la existencia humana, no sólo podría ser destruido por el Cambio Climático, el Efecto Invernadero y el Calentamiento Global.

De allí, que la lucha ecológica debe atenderse hoy sin esperar lo que pase mañana. Si quieres saber cuan responsable o insensato eres con nuestra querida Tierra, te presentamos la “Escala de Conciencia Ecológica” (ECE), que es un orden propuesto para identificar tu grado de compromiso en ayudar a la Naturaleza. Para tal fin, se establecen niveles que van del 1 al 5 y se representan por un color, un círculo de tamaño creciente y la postura que se asume ante el problema.

En el nivel 1, encontramos la “Indiferencia” de las personas que NO les importa absolutamente nada la Ecología. No sólo desconocen los temas ambientales, sino que tampoco les interesa adoptarlos en sus vidas. Pasan gran parte del tiempo hibernando o viendo la TV, pero jamás sus ojos se atreven a sintonizar un documental ecológico. Además, les encanta asistir a eventos de crueldad animal, como las Corridas de Toros y los Circos.

En el nivel 2, se encuentra la “Pasividad” de los individuos en proteger el Medio Ambiente. Tienden a lanzar desperdicios en las calles (botellas de plástico, envoltorios de golosinas, cartones y vidrios). Nunca separan los desechos orgánicos e inorgánicos de los productos que consumen a diario También, dejan abierta la llave del grifo del agua, aunque no la usen. Abusan en el empleo del Aire Acondicionado. Viven tocando el claxon de sus carros por la diversión de fastidiar a los transeúntes. Son mentirosos por naturaleza, ya que dicen ser ecologistas para engañar a sus amistades y sobreactuar sin que nadie lo sospeche.

En el nivel 3, se aprecia la “Curiosidad” de las personas que les gustaría aprender de la Ecología, pero debido a las obligaciones del trabajo, las clases en la universidad o las diligencias familiares, no han tenido tiempo para conocer los valores ambientales. Sin embargo, apagan las luces al salir de la casa y no abusan en el uso del agua potable. El problema, es que imprimen cualquier información que consiguen en la Internet. Malgastan muchas hojas de papel, sin aprovechar la pantalla del PC para revisar los contenidos y así evitar imprimir todas las páginas Web que consultan. Lo importante, es que siempre están dispuestos a reconocer el error y rectificar para ayudar a la Tierra.

En el nivel 4, vemos el “Compromiso” de quienes realmente contribuyen con el bienestar de la Naturaleza. Son personas que internalizaron el valor de la Ecología y lo ponen en práctica a diario. En sus casas, se prioriza el uso de las 3Rs (reciclar, reutilizar y reducir). Emplean bombillas de bajo consumo que ahorran más del 75% de energía, a diferencia de las tradicionales luces incandescentes. Desenchufan los equipos electrónicos cuando no los necesitan, incluyendo el cargador de la laptop y del celular. En caso de un apagón, nunca activan las plantas autogeneradoras de corriente eléctrica, ya que contaminan el aire por la quema de combustible y crean molestias sónicas para los vecinos. Si van a un lugar cercano, prefieren caminar y disfrutar de la ciudad, que ir en vehículos particulares.

En el nivel 5, resaltan los ciudadanos que son “Agentes de Cambio” dentro de sus comunidades, al entender que no es suficiente con adoptar un estilo de vida que respete al Medio Ambiente, sino que se debe comunicar el mensaje ecológico integral a todas las personas con quienes se convive, para generar cambios positivos en el núcleo familiar y social que habitan. Más que ser amantes de la ecología, son servidores públicos prestos a compartir sus conocimientos “verdes” con los demás, sin esperar retribuciones socio-económicas por brindar la ayuda. Promueven jornadas de reciclaje, charlas orientativas y hacen que los jóvenes se interesen por estimar los recursos naturales de la Tierra. Son seres capaces de dar su propia vida, a cambio de que la gente recapacite y aprenda a interactuar con la nobleza de la Pachamama.

Ojalá que en la relación con el Medio Ambiente ya no existan dilemas, prejuicios y estigmas que nos sigan haciendo daño por tanta indiferencia ecológica. La introspección, es el primer paso a la luz de un nuevo amanecer. El deber con la Tierra, se retroalimenta a cada instante y en nuestros pensamientos, obras y acciones.

Fuente: www.ecoportal.net 

Por Carlos Fermin

Valorar el Medio Ambiente, siempre ha sido una triste realidad esquiva para el transitar de la Humanidad. La importancia de preservar nuestro hábitat de vida, nunca fue la prioridad de las civilizaciones que poblaron los cimientos de la Tierra, para agraciar a la guerra, el dogma y el apego a lo material. A través del tiempo, el Hombre se encargó de hipotecar el destino de la Pachamama, por el perverso capricho del ecocidio.

Tras aprender con éxito la lección de sus ancestros, la Sociedad global no sólo le dio la espalda a la paz de la Naturaleza, sino que diariamente conspira para destruirla a mansalva. El fin sigue justificando el medio, cuando se trata de rentabilizar los recursos “verdes” que afloran en todo el Mundo. Si mezclamos un poco de canibalismo corporativo, con bastante consumismo irracional de la gente y se le agrega el mensaje subliminal que trasmite la TV, se crea una receta mágica para que la impunidad ecológica encienda las llamas de la extinción humana.

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