Por Ainhoa Mugüerza Osborne

Las paredes de la vivienda se han ennegrecido con el tiempo. El humo de una cocina mal ventilada invade la estancia y el fuego con el que se cocinan los alimentos permanecerá encendido durante horas. Mientras, las partículas de hollín se acumulan en el interior.

Según cálculos del Banco Mundial, más de tres millones de personas mueren al año de forma prematura por la contaminación de los hogares, la mayoría en países con menos recursos económicos. Los sistemas de cocción y la quema ineficiente de biomasa provocan graves perjuicios en la salud, en especial en mujeres y niños que pasan más tiempo en las viviendas.

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La cocina como punto de partida


Publicado: 09-03-2014

Por Ainhoa Mugüerza Osborne

Las paredes de la vivienda se han ennegrecido con el tiempo. El humo de una cocina mal ventilada invade la estancia y el fuego con el que se cocinan los alimentos permanecerá encendido durante horas. Mientras, las partículas de hollín se acumulan en el interior.

Según cálculos del Banco Mundial, más de tres millones de personas mueren al año de forma prematura por la contaminación de los hogares, la mayoría en países con menos recursos económicos. Los sistemas de cocción y la quema ineficiente de biomasa provocan graves perjuicios en la salud, en especial en mujeres y niños que pasan más tiempo en las viviendas.

El cambio proviene de soluciones sencillas como implantar chimeneas adaptadas a cada casa, fabricar cocinas con materiales más adecuados o el uso en determinados lugares de cocina solares. Sin embargo, “se necesitan planes de acción específicos para cada país”, asegura Yabei Zhang, economista especializado en Energía del Banco Mundial. La alternativa no implica de manera imprescindible un cambio de modelo energético enfocado a la utilización de combustibles fósiles sino a un uso sostenible de los recursos que ya se emplean o de energías renovables como la solar.

La quema de madera, excrementos de animales o residuos agrícolas libera en el interior de los hogares altas cantidades de contaminantes como hidrocarbono, óxido de nitrógeno o monóxido de carbono. Estas sustancias se podrían reducir con sistemas para cocinar más eficientes. La exposición constante a este tipo de elementos puede provocar graves enfermedades respiratorias: “El humo de un fuego tradicional de leña equivale a fumar alrededor de 400 cigarrillos por hora”, afirma Kirk Smith, profesor de Salud Ambiental Mundial en la Universidad de California en Berkeley.

Las mujeres, en la mayoría de casos, se encargan de recorrer para su abastecimiento largas distancias para buscar una leña que escasea en zonas deforestadas. La implantación de estufas que logren reducir su consumo resuelve en gran medida ambos problemas. En Senegal, un proyecto financiado en parte por el Banco Mundial, ha logrado impulsar la construcción y compra venta local de hornos que reducen la dependencia de leña al quemarla de manera eficiente. Maimouna Diener cocina con uno de ellos a las afueras de Dakar donde vive con su marido y sus nueve hijos. Asegura que con lo que se ahorra puede comprar más arroz, otros alimentos y solucionar distintos gastos. En la región senegalesa de Tambacounda, sus habitantes han comenzado a fabricar carbón vegetal a partir de las ramas muertas de los árboles. Gracias a esta técnica logran crear una economía local que proporciona más beneficios sin perjudicar el entorno en el que viven.

Sin embargo, la mayoría de soluciones provienen de las ayudas internacionales a través de numerosas entidades públicas y privadas que ofrecen alternativas en distintos países de Asia, África o América del Sur. Para César Lema, permacultor y Doctor en Biología, la cuestión radica en el concepto de autosuficiencia: “Si tú le enseñas a la gente a fabricar cocinas con los materiales que tienen, les dará igual que venga una empresa de fuera a venderles una por 100 dólares”, afirma.

En España, César Lema se interesó desde hace años por la construcción de cocinas solares cuando comprobó que podía realizarlas de forma casera con elementos sencillos como el vidrio, el cartón o el aluminio. Gracias a los conocimientos que ha adquirido ha elaborado un manual para su fabricación sin necesidad de depender de altos recursos económicos. Insiste en que es necesario “dar la caña de pescar a la gente, la iniciativa y la idea” para lograr la autogestión. El uso de la energía solar como método de cocción permite también la pasterización del agua para eliminar los agentes nocivos que pueda contener.

Para paliar la necesidad de que haya sol en el momento de cocinar y buenas condiciones climatológicas existen varios sistemas para conservar el calor. Uno de ellos es el almacenaje de aceite, como incorpora la cocina del hospital de la comunidad “Gaviotas” en Colombia. En ella apuestan por la utilización de energías renovables como un modo eficaz y autosuficiente de vida. La cocina, como punto de partida.

Fuente: Ecoportal.net 

Por Ainhoa Mugüerza Osborne

Las paredes de la vivienda se han ennegrecido con el tiempo. El humo de una cocina mal ventilada invade la estancia y el fuego con el que se cocinan los alimentos permanecerá encendido durante horas. Mientras, las partículas de hollín se acumulan en el interior.

Según cálculos del Banco Mundial, más de tres millones de personas mueren al año de forma prematura por la contaminación de los hogares, la mayoría en países con menos recursos económicos. Los sistemas de cocción y la quema ineficiente de biomasa provocan graves perjuicios en la salud, en especial en mujeres y niños que pasan más tiempo en las viviendas.

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