La comunalidad como forma de vida y de resistencia


Publicado: 09-04-2013

En la Sierra Juárez, estado de Oaxaca, en el sur de México, se vive la “comunalidad”. El pensador indígena zapoteco Jaime Martínez Luna, en su libro Eso que llaman Comunalidad (2010), explica: “Somos comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así como las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la violencia para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos para replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser”.

La forma de organización social y política ha sido establecida de tal manera que cuenta con la participación de la totalidad de sus integrantes para la toma de decisiones. Se reúnen en la Asamblea General de Ciudadanos —considerada como el espacio que representa la máxima autoridad en la comunidad—, donde hombres y mujeres expresan libremente su opinión para llegar a consensos en beneficio de la comunidad. El consejo de ancianos o cuerpo de caracterizados (grupo designado por la Asamblea General, integrado por ciudadanos que desempeñaron de forma destacada algún cargo dentro de la comunidad), resulta ser un espacio de consulta y opinión, donde la experiencia y saberes guían y orientan el camino a seguir. Los cargos a desempeñar se deciden y asignan en la Asamblea General; así, nacen tanto autoridades comunales, como comisiones y comités integrados por los habitantes de la comunidad. La elección de autoridades se fundamenta en el prestigio y por consiguiente en el trabajo. La realización de cargos o desempeños públicos no conlleva un beneficio económico, pero trae consigo prestigio y confianza que va ascendiendo según la jerarquía del puesto que se desempeñe.

La resistencia de los pueblos indígenas-campesinos de la Sierra Juárez ha permitido que se conserven valores y principios de complementariedad y reciprocidad dentro de un ambiente armonioso que se ha visto socavado y violentado por la presencia de prácticas capitalistas caracterizadas por el control y depredación que ejercen sobre los bienes naturales y la violencia hacia comunidades de la región. Dicha resistencia, motivada por la historia de cada comunidad, ha conducido a que estos pueblos tengan mayores posibilidades de alcanzar y/o mantener el bienestar y la felicidad, aquello que llaman comunalidad (o vida comunitaria) y que empata muy bien con la idea del Buen Vivir proveniente del pensamiento andino.

Identidad con la Madre Tierra

Santa Catarina Lachatao, comunidad de origen zapoteco, localizada en la Sierra Juárez, representa un claro ejemplo del reencuentro entre el ser humano y la naturaleza. En épocas pasadas, esta comunidad decidió explotar sus bienes naturales. La tala de árboles llegó a ser una de las principales actividades económicas de la comunidad.

Sin embargo, hoy en día, el camino es diferente. Juan Santiago Hernández, ex presidente municipal y ahora representante comunal, explica a Noticias Aliadas, que la relación que existe con la naturaleza es de armonía. Para él, la Madre Tierra es parte de su identidad.

“Si tenemos tierra y la cuidamos, vamos a seguir existiendo”, dice. “Todo es una armonía con el suelo, el agua, el aire. La naturaleza es lo más importante para nosotros; es la vida”.

La sensibilidad hacia la naturaleza, dentro del vivir comunitario, se está transmitiendo a los niños. Verónica Hernández Cruz, asistente del Comité de Ecoturismo de la comunidad, señala: “Ahora estamos trabajando unas actividades con los niños, de llevarlos al bosque, porque deben sentirlo, vivirlo, de tal manera que se vayan dando cuenta de las consecuencias de no cuidar y respetar a la naturaleza. Les enseñamos lo que es la flora y la fauna. También mediante la realización de talleres queremos transmitirles la intención de seguir conservando lo que la naturaleza nos da”.

La actividad forestal, si bien trajo beneficios económicos importantes durante un corto periodo, ha dejado un gran vacío irreversible en el paisaje natural de la comunidad. Ahora, Santa Catarina Lachatao, mediante un rescate de su propia historia, ha ido construyendo y trabajando alternativas que conduzcan al bienestar y felicidad de la comunidad, pero siempre manteniendo un equilibrio con la naturaleza. Actividades como la agricultura —cultivo de maíz, frijol, chícharo, trigo, haba y calabaza— y el ecoturismo están siendo generadoras de ingresos económicos, pero no nublan el principio de conservación y buen manejo de los bienes naturales.

El proyecto de ecoturismo ofrece a los visitantes una verdadera convivencia con la naturaleza. Hernández Cruz nos comenta que las actividades que se realizan para el buen funcionamiento del proyecto van desde tratamiento de aguas residuales hasta reciclado de desechos y captación de agua de lluvia. Asimismo, para la construcción de cabañas, se utilizan materiales como el adobe y la teja con el fin de que el impacto hacia la naturaleza, sea mínimo.

Preservar el bosque

Por su lado, Santiago Hernández, recuerda: “Los abuelos nos hablaron de la armonía con la naturaleza; ellos nos dicen que antes había mucha agua, que antes iba uno al bosque y escuchaba aves y otros animales. Ahora vamos y el bosque está más seco, ya no encontramos las aves ni los animales que ellos veían. Por eso sabemos que sí se debe tener un respeto a la naturaleza. Pensamos también en las futuras generaciones, pues ellos nos dirán que nosotros tuvimos la oportunidad de conservar el bosque y de poner un alto a la explotación; y quizá piensen que por dinero, seguimos explotando y acabando con la naturaleza. Más bien queremos que digan que pusimos un alto, que intentamos iniciar esa lucha”.

Para entender la vida en comunalidad se deben tomar en cuenta elementos como la confianza, la complementariedad, la reciprocidad, la hermandad y la fiesta. Para las comunidades zapotecas de esta región, el trabajar en equipo y apoyarse en diversas actividades, mediante el tequio, les proporciona bienestar. El tequio es una práctica comunitaria que mediante el quehacer o servicio (sin remuneración económica), que cada ciudadano otorga a la comunidad, se realizan obras en beneficio de todos; como escuelas, sistemas de abastecimiento de agua, limpieza de caminos. Esta forma de vida no es nueva, es más bien algo intrínseco a la cosmovisión de los pueblos indígenas-campesinos; algo heredado de sus ancestros. Sin embargo, con la influencia del mundo occidental y los constantes embates de la privatización, sumados a la penetración de medios de comunicación basados en principios de mercado, esta cosmovisión se fue distorsionando, razón por la cual comunidades como Santa Catarina Lachatao buscan recuperar los valores trastocados y rescatar el equilibrio armonioso entre seres humanos y naturaleza.

Parafraseando al maestro Martínez Luna, la comunalidad es la ideología, pensamiento y acción que ha permitido a las comunidades enfrentar y resolver retos y problemas que la historia les ha deparado. Para él, la comunalidad es “sabiduría viva que facilita a todos convivir y colaborar en una colectividad al servicio de todos”.

La importancia de entender y preservar este modo de vida, dice Martínez Luna, “estriba en que en el futuro la sobrevivencia y trascendencia de los pueblos antiguos, con respecto al actuar del mundo que los rodea, descansará en mantener la resistencia-adecuación de este modo de ser comunitario (…), pues se sabe que los valores fundamentales de la sociedad occidental descansan en el individualismo”. Ecoportal.net

Fuente: http://www.comunicacionesaliadas.org

Bookmark and Compartir
306