La inseguridad alimentaria en México está en el nivel más grave de toda su historia


Publicado: 13-01-2013

Por Nylva Hiruelas

En pocas semanas, el Gobierno priísta de Enrique Peña Nieto decidirá si siembra maíz transgénico a escala comercial en México. De aprobarse, las multinacionales Monsanto y Pioneer Hi-Bred plantarían 2,4 millones de hectáreas con esta semilla modificada genéticamente, de las cuales más de la mitad corresponderían a la polémica variedad de maíz MON 603 por sus posibles consecuencias a largo plazo sobre la salud. La aprobación de esta medida supondría la culminación de un proceso que se inició en 2009, año en que se puso fin a la moratoria de transgénicos, y se aprobaron siembras experimentales.

Ante la posibilidad de una aprobación inminente, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) ha lanzado un llamamiento a la acción, bajo el cual científicos de todo el mundo exigen al Gobierno que no apruebe la siembra comercial de maíz transgénico, así como la revocación de todos los permisos a campo abierto de esta semilla manipulada genéticamente, aprobados a escala “experimental”.

Alejandro Espinosa Calderón, coordinador del programa de Agricultura y Alimentación de la UCCS e investigador de Producción y Tecnología de Semillas en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) responde a HemisferioZero para analizar el impacto del maíz transgénico en México.

P.- ¿Cree que el Ejecutivo priísta de Enrique Peña Nieto aprobará la medida o la rechazará?

R.-Tenemos la esperanza y la confianza de que escuchen nuestros argumentos y no se autorice la siembra comercial. Acaba de terminar el periodo de consulta pública (en torno a las solicitudes de estas multinacionales para sembrar en los estados de Sinaloa y Tamaulipas) y temíamos que en los últimos días antes de salir Calderón y sus secretarios autorizaran la siembra comercial porque parecía que tenía un compromiso el anterior Gobierno con las transnacionales.

El secretario de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogen) -donde se dicta la política en esta materia-, el Doctor Reynaldo Ariel Álvarez es abiertamente pro transgénicos, a pesar de que es secretario ejecutivo de una institución nacional que debería defender la seguridad, la bioseguridad y la diversidad genética de los cultivos, especialmente del maíz, del que México es centro de origen. No obstante, antes de tomar esta decisión, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Semarnat, quiere escuchar a los científicos más destacados de este país, aunque tememos que sólo llamen a científicos que promuevan los transgénicos. Queremos que se escuche a quienes no tenemos absolutamente ninguna relación con ninguna corporación y todo lo que hacemos es porque creemos que es lo que le conviene al cultivo, a la gente, al país y a la humanidad.

P.- En México ya se realizaron siembras experimentales y piloto de maíz transgénico. ¿En qué consistió cada una? ¿Pudieron estas siembras contaminar al maíz nativo?

R.-Las siembras experimentales fueron autorizadas en 2009 y se aprobaron unos 40 permisos. Estas siembras se llevaron a cabo en superficies muy pequeñas en 2009 y 2010. Se exigió que se hicieran con cuidados y medidas para contener la posible contaminación. Sin embargo, estos experimentos rebasaron algunas indicaciones que deberían de haberse respetado, por ejemplo, se pidió que estos experimentos fueran realizados por instituciones públicas, pero no fue así, se realizaron en campos que decidieron las multinacionales, con técnicos que ellos designaron. Nadie conoce los resultados de esos experimentos, además, el gobierno dio el visto bueno sin siquiera evaluarlos.

En el 2011 se otorgaron permisos para siembras piloto de unas cuantas hectáreas, por lo que la contaminación es contenida todavía. Pero, desde el 7 de septiembre, Pioneer está pidiendo que le autoricen la siembra de un millón 400 mil hectáreas de dos organismos genéticamente modificados (OGM), y de éstas 700 mil corresponderían al transgénico llamado MON603. Y Monsanto está solicitando que se le autorice alrededor de un millón de hectáreas de las cuales aproximadamente unas 600 mil corresponden a esa misma variedad. El MON603 es el que utilizó el doctor Séralini en sus experimentos con ratas en Francia. Las alimentó durante dos años con este maíz y se detectó que padecían tumores mamarios en las hembras, tumores en el hígado y otros órganos internos y en algunos casos una muerte prematura. Es terrible…

La diferencia marcada de estos experimentos es que los estudios hechos por Monsanto para solicitar la autorización de siembras en algún país tienen una duración de 90 días, mientras Séralini sometió a las ratas con este transgénico por dos años.

P.- De acuerdo a estos últimos estudios científicos, la población mexicana estaría expuesta a un alto riesgo.

R.-Es un altísimo riesgo porque a diferencia de lo que ocurre en otros países, en México la población tiene un consumo promedio de 120 kilogramos de tortilla de maíz por persona y año. En el país hay 18 millones de personas con desnutrición severa, 12 millones con desnutrición moderada, por lo que una gran cantidad de mexicanos basan su alimentación en las tortillas de maíz. Estarían en un riesgo terrible como ocurrió con las ratas de Séralini.

P.-Si se aprobara esta autorización, ¿Cómo afectaría a los campesinos la siembra de transgénicos a escala comercial?

R.-Condenaría a los pequeños productores a comprar semilla cada año, algo que no aceptan de forma milenaria. Desde hace 8.000 años, 330 generaciones de campesinos tienen el dominio de la semilla, que es la que tienen en su propia parcela y que siembran año tras año. Y eso no pasa con los OGM porque se tienen que comprar cada año. Además, es en México donde se vende al precio más caro del mundo la semilla de maíz, ni siquiera en Estados Unidos, Europa o Argentina se comercializa a precios tan escandalosos como Monsanto o Pioneer se la vende a México. En este ciclo, un saco de semilla de este grano en Sinaloa les cuesta a los productores alrededor de 350 dólares, y cada productor en esta región siembra dos sacos de semilla por hectárea. Eso quiere decir que gasta alrededor de 700 dólares por hectárea. En Estados Unidos el precio de la semilla está prácticamente a la mitad, alrededor de 150 dólares el saco. A pesar de que es el mismo tipo de maíz y la misma empresa, en México tiene un sobreprecio del 70% en relación a EE.UU. En ese país, los transgénicos cuestan un 30% más con respecto a los que no lo son, de manera que si se aprobaran en México, serían mucho más caros.

Autorizar el maíz genéticamente modificado en México representaría una situación crítica para toda la humanidad, sería como un crimen de lesa humanidad, porque sometería a gran presión a los productores por la contaminación de las razas nativas de maíz, que constituye un patrimonio para beneficio de todos los pueblos del mundo que lo consumen, y por el impacto que supone que estas semillas estén patentadas.

P.- Se presenta un futuro en el que el cambio climático obligará a rediseñar las políticas agroalimentarias. ¿Los transgénicos son una solución frente al cambio climático?

R.-Los transgénicos son un atentado contra el cambio climático porque homogeneizan las variedades de maíz. En México hay miles y miles de tipos diferentes de este grano.

La única alternativa es que exista una variabilidad tan grande a la que hay en la actualidad. Si se destruye y arrasa con la diversidad genética estamos propiciándole a la humanidad entera la imposibilidad de resistir ese cambio climático.

La inseguridad alimentaria en México está en el nivel más grave de toda su historia, y es así porque durante los sexenios de Fox (2000-2006) y de Calderón (2006-2012) no le dieron importancia al valor que tiene producir los propios alimentos. En este momento se está importando el 35% de maíz, unas 10 millones de toneladas cada año, de trigo se importa el 40%, de arroz se importa del 85 al 90%, de oleaginosas se importa el 92% de lo que consumen los mexicanos. De tal manera que sólo en estos cultivos, que son los fundamentales y básicos, se aprecia que México estaría importando más del 40% de promedio de lo que requiere para su alimentación. La FAO señala que un país se encuentra en un nivel crítico cuando se importa más del 25% de las necesidades para la alimentación. Tenemos confianza de que retomen el rumbo y avancen hacia la suficiencia alimentaria.

P.- Aún no aprobándose la autorización de siembra de transgénicos a escala comercial, la situación del campo mexicano y del maíz ya está en un momento crítico con una gran dependencia del maíz estadounidense

R.-México apostó por importar maíz en lugar de producirlo en el país. En los años setenta México exportaba maíz y a partir de los años ochenta fueron cerrando todas las estructuras que servían de apoyo y que respaldaban la producción y comercialización de este grano. Se cerró la Conasupo [Compañía Nacional de Subsistencias Populares] y el espacio fue asumido por la multinacional Cargill, que es la comercializadora de granos más importante a nivel mundial.

Antes se producían en México los abonos y se entregaban a los productores a un precio accesible, al cerrarse Fertimex (Fertilizantes Mexicanos) todos los fertilizantes que se requieren en México se importan. Se cerró la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera que era quien protegía ante eventualidades la producción de maíz. Se cerró completamente la asistencia técnica que es fundamental en todos los países del mundo. Una de las últimas instituciones que se cerró fue la PRONASE [Productora Nacional de Semillas]-aceptando los mandatos del Banco Mundial- que entregaba semillas mejoradas de buena calidad beneficiando a los productores más apartados del país. Al cerrarse este organismo, la distribución de semillas está concentrada en las grandes empresas privadas, de hecho, un 92% de la semilla de maíz que se siembra en México proviene de las empresas privadas que tienen una alta concentración en los dos grandes monopolios a nivel mundial: Monsanto y Pioneer. Esto es terrible para el país porque estamos en manos de estas transnacionales que ahora promueven los transgénicos.

El INIFAP (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias) se intentó cerrar en el año 2003, durante el sexenio de Fox, porque de acuerdo al Ejecutivo no se necesitaba ya que podíamos salir adelante con la investigación que hacen las transnacionales, lo que afortunadamente no lo lograron, porque la gente en el campo defendió a la investigación mexicana que ha dado frutos. Es de simple lógica que no puede cancelarse una institución que lleva más de 70 años investigando y ofreciendo variedades mejoradas en los distintos cultivos, en especial de maíz.

P.- Esta altísima dependencia del maíz fue especialmente grave durante la llamada crisis de la tortilla de 2007. ¿Es sostenible esta situación?

R.-La crisis de la tortilla ocurrió porque en el escenario mundial entró de manera importante la producción de etanol y se dificultó comprar maíz en el mercado internacional. México había exportado algunos cientos de toneladas de maíz blanco, y de repente ya no hubo maíz para fabricar tortilla. Además desde el 2007 hasta ahora, ya veníamos importando grandes volúmenes, aproximadamente de unos 10 millones de toneladas de maíz al año. México produce 22 millones de toneladas de este grano al año pero consume 32 millones. Eso significa que cada año importamos 10 millones de toneladas.

Para el 2012 se estima que habremos importado 13,6 millones de toneladas, que representa un poco más del 33% de importación de grano de maíz. La situación es terrible, y entonces, entraron en escena los transgénicos. Las corporaciones señalan que la manera de resolver este problema es empleando OGM y le ofrecieron al gobierno que, en vez de obtener 2,8 toneladas por hectárea de rendimiento promedio, se podría elevar a 6 toneladas por hectárea. Lo que es una soberana mentira, porque los transgénicos no incrementan el rendimiento puesto que en las áreas donde es bajo no se pueden usar OGM. Sólo se pueden cultivar en entornos favorables, y en México se siembra el maíz en condiciones extremadamente críticas. Los transgénicos son para áreas de riego, y en México en estas áreas ya se están obteniendo rendimientos muy sobresalientes.

P.-Desde la UCCS sostenéis que México puede recuperar la autosuficiencia productiva de maíz sin utilizar transgénicos. ¿Qué cambios y alternativas plantean al Ejecutivo?

R.-Hay alternativas sin los transgénicos porque éstos no incrementan el rendimiento en la producción, además controlan plagas que no existen en México. Las plagas no son el factor fundamental que limita la producción de maíz en el país, porque ha convivido con ellas por miles de años. México puede producir más de 50 millones de toneladas de este grano por año, podemos ser autosuficientes. La política en materia de agricultura debe ser diferente a como se ha implementado durante los sexenios de Fox y de Calderón bajo los cuales hubo poco apoyo al campo. Privilegiaron a los productores con elevados recursos, una alta capacidad económica, extensas áreas de tierra, y olvidaron al pequeño productor de escasos recursos, el que vive y cultiva la tierra con pocas facilidades pero que tienen un mayor potencial en el rendimiento de la parcela.

La gran mayoría de productores de país son de este tipo y, sin embargo, fueron los más afectados durante estos doce años de gobiernos panistas. El Secretario de Agricultura del gobierno foxista, Javier Usabiaga, fue un gran productor para la exportación. Su política fue muy clara: quienes no obtuvieran rendimientos ventajosos debían de abandonar la agricultura, incluso llegó a decir que sobraban dos millones de productores en el campo mexicano. Desafortunadamente, en los dos últimos sexenios, cientos de miles de productores tuvieron que abandonar el país como migrantes hacia Estados Unidos.

*Nylva Hiruelas es estudiante de postgrado del título Especialista en Información Internacional y Países del Sur de la Universidad Complutense de Madrid

Fuente: http://www.uccs.mx/

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