Por Germán Rodas Chaves[1]

El estudio y conocimiento de la salud y del pensamiento médico no puede separarse de la historia de los pueblos. Es parte consustancial de los procesos que construyen nuestra realidad. En esta perspectiva al sintetizar la presencia de diversas misiones científicas interesadas en la quina, hablamos de un momento particular de nuestra historia y de la historia de las ideas.

Las diversas misiones científicas que arribaron a la Real Audiencia de Quito en el siglo XVlll y en los primeros años del siglo XlX, de una u otra manera, se interesaron por la quina, la planta medicinal para enfrentar el paludismo y que, a través de los Jesuitas, fue difundida desde América a Europa en las primeras décadas del siglo XVll.

Desde luego que las misiones científicas tuvieron varias perspectivas adicionales: el conocimiento del “otro yo” de los europeos y, por ende, el aprovechamiento de “lo suyo”; y el interés de ampliar los conocimientos científicos y aprovecharlos, incluso económicamente, en la línea de poder favorecer la economía de las las metrópolis.

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La Quina y las Misiones Científicas en la Audiencia de Quito


Publicado: 14-12-2014

Por Germán Rodas Chaves[1]

El estudio y conocimiento de la salud y del pensamiento médico no puede separarse de la historia de los pueblos. Es parte consustancial de los procesos que construyen nuestra realidad. En esta perspectiva al sintetizar la presencia de diversas misiones científicas interesadas en la quina, hablamos de un momento particular de nuestra historia y de la historia de las ideas.

Las diversas misiones científicas que arribaron a la Real Audiencia de Quito en el siglo XVlll y en los primeros años del siglo XlX, de una u otra manera, se interesaron por la quina, la planta medicinal para enfrentar el paludismo y que, a través de los Jesuitas, fue difundida desde América a Europa en las primeras décadas del siglo XVll.

Desde luego que las misiones científicas tuvieron varias perspectivas adicionales: el conocimiento del “otro yo” de los europeos y, por ende, el aprovechamiento de “lo suyo”; y el interés de ampliar los conocimientos científicos y aprovecharlos, incluso económicamente, en la línea de poder favorecer la economía de las las metrópolis.

De esta manera la información sobre las virtudes de la quina formó parte del equipaje de la Misión Geodésica Francesa, que estuvo en los territorios de la Presidencia de Quito entre 1736 y 1743.

Cuando en 1737 el Virrey del Perú negó el pedido de ésta Misión para proporcionarles más recursos económicos, el sabio francés La Condamine efectuó un viaje hacia Lima para intentar resolver el problema financiero de la misión.

Entonces La Condamine pasó por Loja y conoció la planta de la quina. En este desplazamiento estuvo acompañado de otro miembro de la Misión, el ingeniero Morainville, quien, entonces, efectuó el primer dibujo universal de la quina.

En este orden de sucesos también debe mencionarse la tarea de un criollo cuzqueño en la búsqueda de la quina: Miguel de Santisteban quien sirvió a la Corona Española.

En 1752, siendo Santiesteban Superintendente de La Casa de la Moneda en Bogotá, recibió una orden Real para que efectuara un informe sobre las quinas y enviara esta información a la Real Botica de Madrid. Debido a esta razón se trasladó hasta Loja y conoció la quina.

El documento de Santisteban fue entregado en Santa Fe de Bogotá a José Celestino Mutis, el científico español que llegó a Santa Fé, y que desde 1783 dirigió la “Expedición Botánica de la Nueva Granada”. Mutis, entonces se interesó por la quina. Este documento histórico fue publicado, parcialmente, en Madrid en 1949. Los originales se hallan en Sevilla –en el Archivo General de Indias- y fueron localizados por el médico e historiador ecuatoriano Eduardo Estrella.

En pleno periodo borbónico llegaron desde España al Perú, los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón, quienes articularon lo que se conocería como la “Expedición Botánica del Perú”.

Cuando Ruiz y Pavón debieron volver a España, en 1787, encargaron a uno de los miembros de esa Misión, Juan Tafalla, la expedición y la tarea de enviar a Madrid las plantas y la información sobre ellas. Parte de dicha información, que no fue difundida oportunamente en España, fue también encontrada, en los años 80 del siglo anterior, por el médico Eduardo Estrella.

De este hallazgo queda en claro que Tafalla, o mejor dicho la expedición botánica del Perú, tuvo enorme interés por la quina existente en La Audiencia de Quito. En 1805 Tafalla arribó a Loja.

El investigador, botánico y patriota granadino Francisco de Caldas, por encargo de Mutis, llegó a Quito, en 1801, también tras la huella de la quina. Caldas se convirtió en vaso comunicante entre el sabio español Mutis, radicado en Bogotá, y nuestro quiteño el doctor Eugenio Espejo.

Mientras Caldas efectuaba estos estudios, ocurrió la presencia en la Real Audiencia de Quito del botánico español Anastasio Guzmán, miembro de “La Regia Sociedad de Sevilla”, también interesado en la quina. Caldas incluso tuvo amistad con Guzmán. Y a su vez Guzmán recibió en su trabajo todo el apoyo del Ilustrado quiteño José Mejía.

Paralelamente a las misiones señaladas otros dos formidables investigadores se hallaban en la Audiencia de Quito. Podemos llamar la Misión Humboldt, en la cual se encontraba, junto al alemán Humboldt, el investigador francés Aimé Bon Pland. Ellos arribaron a Quito en 1802. Su desplazamiento provino del interés, entre otras cosas, por el estudio de la quina.

En medio de toda esta realidad es fundamental señalar que el científico quiteño Eugenio Espejo, no estuvo lejos de los estudios sobre la Quina. En 1792 Espejo escribió “Memoria sobre el Corte de las Quinas” en cuyo estudio efectuó una serie de informaciones sobre los aspectos económicos, comerciales y técnicos más significativos de la Quina de Loja.

En este trabajo sobre las quinas, Espejo emitió su criterio de oposición al corte de la quina en Loja y Cuenca, señalando que los agricultores no se preocupaban de remplazar el producto. En todo caso el cuestionamiento de Espejo a la depredación de la quina debe ser comprendida, además, en el contexto de la política de la Corona que, en 1781, liberó de cualquier impuesto, incluido el de Alcabala, al comercio de la quina, bajo la determinación que “Su Majestad se ha servido resolver que se extraiga la quina de todos sus dominios de América”.

Debido a todo lo expuesto bien podemos concluir que la quina fue la planta de la Audiencia de Quito que convocó a varias misiones científicas Ilustradas. Su uso ha sido fundamental en la historia de la salud y su comercialización formó parte de los intereses de la metrópoli y, posteriormente, de algunos núcleos de criollos. El conocimiento de esta realidad hoy es consustancial para desentrañar las raíces de nuestra identidad.

Texto Publicado en EL COMERCIO, edición del día domingo 14 de diciembre del 2014


[1]Historiador. Miembro de la Academia Nacional de Historia. Coordinador Académico del Taller de Historia de la Salud de la Universidad Andina Simón Bolívar.

Por Germán Rodas Chaves[1]

El estudio y conocimiento de la salud y del pensamiento médico no puede separarse de la historia de los pueblos. Es parte consustancial de los procesos que construyen nuestra realidad. En esta perspectiva al sintetizar la presencia de diversas misiones científicas interesadas en la quina, hablamos de un momento particular de nuestra historia y de la historia de las ideas.

Las diversas misiones científicas que arribaron a la Real Audiencia de Quito en el siglo XVlll y en los primeros años del siglo XlX, de una u otra manera, se interesaron por la quina, la planta medicinal para enfrentar el paludismo y que, a través de los Jesuitas, fue difundida desde América a Europa en las primeras décadas del siglo XVll.

Desde luego que las misiones científicas tuvieron varias perspectivas adicionales: el conocimiento del “otro yo” de los europeos y, por ende, el aprovechamiento de “lo suyo”; y el interés de ampliar los conocimientos científicos y aprovecharlos, incluso económicamente, en la línea de poder favorecer la economía de las las metrópolis.

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