La llamada “tecnología verde” es un componente principal en la visión de la “economía verde” de Río+20. Los países del G77 se encuentran enfocados, comprensiblemente, en facilitar el acceso a tecnologías útiles que puedan contribuir al desarrollo sostenible. La mejor manera de asegurar que las tecnologías correctas sean transferidas a los lugares correctos, de la forma adecuada, es someterlas a evaluaciones significativas. Para resaltar el potencial positivo de los nuevos desarrollos tecnológicos se necesita poner la misma atención en la creación de una capacidad fuerte global, regional y nacional con lo necesario para monitorear y evaluar las tecnologías. Cualquier esfuerzo menor incitaría a la desconfianza e invitaría al desastre.

Las poderosas nuevas tecnologías (como la nanotecnología, la biología sintética y la geoingeniería) se proponen y se promueven sin evaluación ni regulación previas. Al pensar que evaluar las tecnologías cuesta mucho tiempo y dinero, abrimos la posibilidad de verificar que el costo de no evaluarlas puede resultar mucho más grande. Sir Martin Rees, astrónomo de palacio en el Reino Unido y presidente de la Royal Society, calculó en 2003 que las posibilidades de ocurrencia de un desastre tecnológico que termine con la vida de al menos un millón de personas para el 2020 son de 50%. Si él tiene razón, fracasar en la Cumbre de Río en el compromiso con la evaluación de las tecnologías será una negligencia de proporciones históricas.

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Más allá de la transferencia de tecnología: argumentos para su evaluación


Publicado: 23-04-2012

La llamada “tecnología verde” es un componente principal en la visión de la “economía verde” de Río+20. Los países del G77 se encuentran enfocados, comprensiblemente, en facilitar el acceso a tecnologías útiles que puedan contribuir al desarrollo sostenible. La mejor manera de asegurar que las tecnologías correctas sean transferidas a los lugares correctos, de la forma adecuada, es someterlas a evaluaciones significativas. Para resaltar el potencial positivo de los nuevos desarrollos tecnológicos se necesita poner la misma atención en la creación de una capacidad fuerte global, regional y nacional con lo necesario para monitorear y evaluar las tecnologías. Cualquier esfuerzo menor incitaría a la desconfianza e invitaría al desastre.

Las poderosas nuevas tecnologías (como la nanotecnología, la biología sintética y la geoingeniería) se proponen y se promueven sin evaluación ni regulación previas. Al pensar que evaluar las tecnologías cuesta mucho tiempo y dinero, abrimos la posibilidad de verificar que el costo de no evaluarlas puede resultar mucho más grande. Sir Martin Rees, astrónomo de palacio en el Reino Unido y presidente de la Royal Society, calculó en 2003 que las posibilidades de ocurrencia de un desastre tecnológico que termine con la vida de al menos un millón de personas para el 2020 son de 50%. Si él tiene razón, fracasar en la Cumbre de Río en el compromiso con la evaluación de las tecnologías será una negligencia de proporciones históricas.

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La llamada “tecnología verde” es un componente principal en la visión de la “economía verde” de Río+20. Los países del G77 se encuentran enfocados, comprensiblemente, en facilitar el acceso a tecnologías útiles que puedan contribuir al desarrollo sostenible. La mejor manera de asegurar que las tecnologías correctas sean transferidas a los lugares correctos, de la forma adecuada, es someterlas a evaluaciones significativas. Para resaltar el potencial positivo de los nuevos desarrollos tecnológicos se necesita poner la misma atención en la creación de una capacidad fuerte global, regional y nacional con lo necesario para monitorear y evaluar las tecnologías. Cualquier esfuerzo menor incitaría a la desconfianza e invitaría al desastre.

Las poderosas nuevas tecnologías (como la nanotecnología, la biología sintética y la geoingeniería) se proponen y se promueven sin evaluación ni regulación previas. Al pensar que evaluar las tecnologías cuesta mucho tiempo y dinero, abrimos la posibilidad de verificar que el costo de no evaluarlas puede resultar mucho más grande. Sir Martin Rees, astrónomo de palacio en el Reino Unido y presidente de la Royal Society, calculó en 2003 que las posibilidades de ocurrencia de un desastre tecnológico que termine con la vida de al menos un millón de personas para el 2020 son de 50%. Si él tiene razón, fracasar en la Cumbre de Río en el compromiso con la evaluación de las tecnologías será una negligencia de proporciones históricas.

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