Posnormales



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Autores(as): Esteban Rodríguez Alzueta, Jaime Breilh, María Belén Herrero, Marcela Belardo, Claudio Katz, Alberto Acosta, Jhon Cajas Guijarro, Horacio Machado Aráoz, Horacio González, Vanina Escales, Juan Manuel Cheppi,Andrea Revel Chion,Diana Kordon, Lucila Edelman,Darío Manuel Lagos, Daniel Badenes, Francisco Sierra Caballero,Gabriel Giorgi, Carlos Gamerro, Daniel Link y Leonora Djament.

Editorial: ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio)

Año: 2020

ISBN:


Reseña

Los horizontes civilizatorios disponibles son extensas letanías de medicalización, tecnología y modelos de guerra contra lo viviente. Los estados se debaten entre diferentes estrategias de gestión de la maquinaria de superhumanización que rechina ―oxidada pero no obsoleta― al ritmo de la apropiación, la extracción y la producción. Maquinaria que funciona en la medida en la que no es percibida como tal, por el arte de los lenguaraces y sus parábolas sobre la necesidad y la normalidad. ¿Quién es el soberano de las democracias contemporáneas? ¿Cómo se resuelve la controversia salud vs. economía? ¿Qué imágenes de lo humano producen esas maquinarias discursivas?
No hay huellas de pan que nos lleven de regreso a la caverna para sentirnos segurxs entre sus sombras. Es nuestro propio hábitat el que nos asedia y se nos revela como amenaza. El deseo de retorno a una vida pretérita ―montada sobre afectos analógicos, presenciales, tridimensionales―, persiste sobre la imagen fragmentaria de un espejo roto y su efecto de verdad sobre lo real. ¿Son acaso las pantallas la zona erógena de la memoria?¿Cuáles (o quiénes) son las capturas de la pantalla?
¿Existe la normalidad en algún extremo cardinal del tiempo?, ¿es acaso un estado al que debiéramos desear volver o llegar? Un feed de preguntas nos atrapa. Ya lo hemos aprendido, o debiéramos haberlo hecho: no se supone que le demos al futuro una forma soportable, por el contrario, es fundamental ser hospitalarixs con el arribante absoluto ―la singularidad que se revela con el COVID-19―, alojar al huésped y asumir cabalmente las condiciones de posibilidad de su existencia; es decir, asumir la dimensión histórica y antropológica del virus y, por lo tanto, nuestra responsabilidad ética en el cuidado comunitario. Así como no debiéramos ver al animal (esa otredad) como a una mancha de Rorschach ―sobre la que proyectarnos―, no deberíamos concebir al virus como un agente autónomo capaz de 


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