En memoria de Rubén Darío Solíz Cabrera



Publicado: 13-10-2020

La partida de un gran maestro, compañero y amigo nos llena de esa sobria tristeza que provocan los recuerdos de quienes respetamos. Conocí desde muy joven a Rubén Solíz Cabrera, y aprendí a admirar desde entonces a ese hombre grande, sencillo, firme de convicciones y cálido a la vez.

Él no fue una figura polémica en su Cuenca querida, fue si un pensador definido, de esa izquierda que, ante la conciencia académica, se hace respetable no por la beligerancia sectaria sino por la claridad de sus ideales de transformación, su lucha sobria y sensata por cuidar la conciencia universitaria e institucionalizar una universidad que realmente mantenga un compromiso serio con su pueblo.

El querido Rubén, con su mirada penetrante, pero a la vez jovial, nos estimulaba entonces a los jóvenes, que ya desde esa década intensa de los setenta soñábamos con una nueva universidad menos apergaminada, menos tecnocrática, y menos sectaria. Por sus méritos como un profesional sobresaliente y su pensar emancipador, más allá de los enconos políticos locales, fue elegido decano en cinco oportunidades de su querida Facultad de Medicina. Era una de esas autoridades que, despojada de toda pose y vanidad, se abría a la extensión universitaria y despejaba el campo a quienes empujábamos otro tipo de academia.

Hoy nos toca aceptar su partida, pero como sucede siempre con las buenas memorias que nos regala el haber estrechado lazos de acción y amistad con un gran ser humano, colocamos su memoria en alto en estos días en que pesa el dolor sobre nuestra querida compañera Fernanda Solíz y su familia. Nos reconfortamos pensando en que, más temprano que tarde, se convertirá en la cálida imagen de su rostro de hombre bueno.

 

Jaime Breilh Paz y Miño

Director del CILABSalud

Universidad Andina Simón Bolívar

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