Ante el sensible fallecimiento de Juan Martín Moreira, miembro de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social de Ecuador, y profesor del Doctorado en Salud Colectiva, Ambiente y Sociedad, publicamos esta carta de despedida.

¡Hasta siempre Juan Martín!

Querido amigo, compañero, hermano… no nos resignamos a tu partida tan pronta. Si bien todos algún día tenemos que irnos de este mundo, tu viaje infinito llegó temprano, en la cúspide de tu grandes capacidades intelectuales y humanas, siempre comprometido con la salud de los pueblos.

Son muchas tus virtudes académicas, científicas y técnicas que te convirtieron muy tempranamente en uno de los epidemiólogos y salubristas más calificados del país, en quien podían confiar las tareas más difíciles, para lo cual siempre estabas dispuesto, con la evidencia más actualizada y con todo el rigor que las tareas requerían.

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¡Hasta siempre Juan Martín!


Publicado: 17-07-2014

Ante el sensible fallecimiento de Juan Martín Moreira, miembro de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social de Ecuador, y profesor del Doctorado en Salud Colectiva, Ambiente y Sociedad, publicamos esta carta de despedida.

¡Hasta siempre Juan Martín!

Querido amigo, compañero, hermano… no nos resignamos a tu partida tan pronta. Si bien todos algún día tenemos que irnos de este mundo, tu viaje infinito llegó temprano, en la cúspide de tu grandes capacidades intelectuales y humanas, siempre comprometido con la salud de los pueblos.

Son muchas tus virtudes académicas, científicas y técnicas que te convirtieron muy tempranamente en uno de los epidemiólogos y salubristas más calificados del país, en quien podían confiar las tareas más difíciles, para lo cual siempre estabas dispuesto, con la evidencia más actualizada y con todo el rigor que las tareas requerían.

Te conocimos también en tu faceta política, comprometido  e inclaudicable con los más necesitados;  totalmente honesto, actuando con valentía cuando había que enfrentar las inequidades y todo tipo de injusticias. Muchos somos testigos de la manera como  enfrentaste a los poderosos intereses empresariales transnacionales y a otros poderes nativos.

Te conocimos valiente también con tus comentarios demoledores en el Twitter y en la red informática, comentarios que muchas veces te trajeron problemas, pero que tuviste el coraje de mantenerlos con firmeza.

Pero no es tanto tu alto nivel académico lo que hoy queremos reconocer, sino esa otra faceta tuya, la que más nos enternece: tu solidaridad, tu calidez, tu apertura transparente a todos los seres humanos, especialmente a los más humildes  y a causas como la defensa de los derechos humanos y a la madre tierra. Es decir, tu faceta profundamente humana, que la expresaste en todos los ámbitos, con tu familia chica Elisa, Martín y Andrea y con tu familia grande, a la que muchas veces la fundiste con tus amigos, con tus compañeros de estudio, de la academia y del trabajo, en varios lugares en que actuaste. Cómo te van a olvidar  las comunidades de los ríos Santiago, Onzole y Cayapas, las de los barrios populares de Esmeraldas, tus amigos de la Universidad Central, de ALAMES, de Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública, de CECOMET y FUNSAD. En el último proyecto (COHEMI) en el que participaste con tus colegas italianos, belgas, españoles, ingleses, holandeses, peruanos, bolivianos y ecuatorianos, dejaste, como siempre, grandes aportes para mejorar las condiciones de vida y de salud de amplias poblaciones del mundo, es admirable como hasta los últimos días trabajaste en correcciones de artículos científicos para su amplia difusión, por eso, esos colegas han llorado tu partida y han enviado inmediatamente palabras de afecto para ti y tu querida familia.

Tal vez una de las formas en que más concretaste tu doble vena: técnica/científica humana y popular, fue en la epidemiología comunitaria, eres y lo serás por mucho tiempo un importante referente y uno de los bastiones de la misma en el Ecuador y en América Latina.

Recordamos aquella vez en que muy joven, terminando la universidad, junto a tus entrañables Tamara, Viviana, Mae y otros compas, tomaste la decisión de ir a la Medicina Rural en el norte de Esmeraldas y allí te quedaste mucho tiempo, trabajando junto a la iglesia del pueblo, a los epidemiólogos de campo, a Mariela, a Rosanna, a Gianni, a Cintia, a Mónica, a Daniela, a Irene, al Goyo, a Samuel, a Francisco, a Mario, a Alberto y a tantas, a tantos otros profesionales y promotores de salud de varias nacionalidades. Todos ellos ahora lamentan tu partida, todos quienes te conocimos sentimos tu ausencia física con mucho dolor.

Pero como dice tu hermano Óscar, los seres humanos a los que recordamos con mucha alegría y admiración, siempre vivirán, como tú, porque tu obra queda.

Quizás es muy decidor, que a pesar de tu enfermedad, que afectó algunas de tus capacidades, ella nunca alteró tu capacidad para soñar. Nos dejaste soñando en un trasplante tan difícil (sueño no sólo para ti, ¡qué va! era sueño para todos los que se beneficiarían de esa intervención pionera en el país), no lo lograste por una todavía rezagada práctica médica y por una serie de trabas administrativas que ya no deberían existir en el país. A pesar de estas dificultades, tu familia y muchas personas amigas te acolitaron en ese sueño. Nos dejaste soñando en lo que querías hacer en la cátedra universitaria, a pesar de tus dificultades. Nos dejaste soñando en la salud de los migrantes y refugiados, unas de las poblaciones más golpeadas en sus condiciones de vida y de salud (mental, espiritual y física), precisamente una de tus últimas obras grandes fue aquel encuentro memorable sobre salud y movilidad humana en septiembre pasado, en el que pudiste reunir a investigadores amigos de dos continentes y en el que no pudiste estar físicamente por tus dolencias.

En su inconmensurable generosidad, Juan había dado las indicaciones de que se obtengan muestras de su pulmón para que se haga todo tipo de estudios, pensando siempre en los demás. Ojalá sirva para obtener algo en claro sobre esta terrible "fibrosis pulmonar idiopática", palabra que oculta la ignorancia o las limitaciones de las ciencias médicas. Ojalá que, con este aporte que hace nuestro querido Juan hasta luego que ha dejado de vivir, se encuentre una luz en este túnel para beneficio de la salud pública.

Las ramas de los árboles son como las raíces y los troncos que lo sostienen, tú fuiste una hermosa rama de una hermosa familia, esposa, hijos, hermanos, hermanas y padre que dedicaron todo su tiempo para apoyarte con mucho esmero y amor  en tu corta pero agresiva enfermedad. Te vas al encuentro con tu madre y con la Pacha Mama, allá, al aire libre, iremos a cantarte las canciones que más apreciabas.

Te vas hermano, dejando mucho construido, los que quedamos trataremos de ser consecuentes con tu valioso legado. No hay mejor ofrenda que emular tus ideales y recordarte con cariño, porque como dicen los habitantes de culturas ancestrales, las personas nunca mueren cuando se los recuerda con amor.

Quito, 14 de julio de 2014

Tus compañeros de ALAMES Ecuador, FUNSAD, CECOMET, Proyecto COHEMI y otras organizaciones populares.

Ante el sensible fallecimiento de Juan Martín Moreira, miembro de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social de Ecuador, y profesor del Doctorado en Salud Colectiva, Ambiente y Sociedad, publicamos esta carta de despedida.

¡Hasta siempre Juan Martín!

Querido amigo, compañero, hermano… no nos resignamos a tu partida tan pronta. Si bien todos algún día tenemos que irnos de este mundo, tu viaje infinito llegó temprano, en la cúspide de tu grandes capacidades intelectuales y humanas, siempre comprometido con la salud de los pueblos.

Son muchas tus virtudes académicas, científicas y técnicas que te convirtieron muy tempranamente en uno de los epidemiólogos y salubristas más calificados del país, en quien podían confiar las tareas más difíciles, para lo cual siempre estabas dispuesto, con la evidencia más actualizada y con todo el rigor que las tareas requerían.

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