Autor: Jaime Breilh
Edición: SIPAE / UASB
Año: 2011


El viejo esquema que establecía separación de campo y ciudad como sinónimos de un contraste entre lo industrial y tecnológico de la ciudad moderna, por una parte, y lo agrícola menos desarrollado y bucólico rural se ha disipado en el capitalismo actual.
 
La aceleración de la acumulación de capital opera tanto en la ciudad como en el campo bajo la lógica de una economía girada a la concentración de riqueza a pasos más rápidos y a expensas de la vida en los ecosistemas y la salud humana. En ese marco se descompone el papel de la agricultura como generadora de fertilidad y como productora de alimentos, y se convierte más bien en un espacio de acumulación de capital mediante la generación de mercancías. La nueva ruralidad es entonces un espacio de crecimiento de grandes monopolios agrícolas no sustentables y de una concomitante descapitalización y destrucción de las pequeñas y mediana economías campesinas. Un contexto en el que se desatan procesos críticos de afectación grave de la salud de los trabajadores agrícolas y de las comunidades rurales, así como de expansión de territorios agrarios insalubres, cuyos ecosistemas se degradan irreparablemente. No sólo la innecesaria aplicación intensiva de químicos que contaminan y degradan la calidad del agua y alimentos, sino la depleción irresponsable de las fuentes de agua y la introducción no segura de usos tecnológicos de los transgénicos, de la nanotecnología, de la ingeniería del clima y de los nuevos recursos de la vida artificial, en un convergencia mortífera de sistemas que si bien aceleran las tasas de ganancia de los grandes negocios agrícolas, igualmente incrementan los ritmos de destructividad de una agricultura de la muerte. 

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Aceleración agroindustrial: peligros de la nueva ruralidad del capital


Publicado: 25-05-2011
Autor: Jaime Breilh
Edición: SIPAE / UASB
Año: 2011


El viejo esquema que establecía separación de campo y ciudad como sinónimos de un contraste entre lo industrial y tecnológico de la ciudad moderna, por una parte, y lo agrícola menos desarrollado y bucólico rural se ha disipado en el capitalismo actual.
 
La aceleración de la acumulación de capital opera tanto en la ciudad como en el campo bajo la lógica de una economía girada a la concentración de riqueza a pasos más rápidos y a expensas de la vida en los ecosistemas y la salud humana. En ese marco se descompone el papel de la agricultura como generadora de fertilidad y como productora de alimentos, y se convierte más bien en un espacio de acumulación de capital mediante la generación de mercancías. La nueva ruralidad es entonces un espacio de crecimiento de grandes monopolios agrícolas no sustentables y de una concomitante descapitalización y destrucción de las pequeñas y mediana economías campesinas. Un contexto en el que se desatan procesos críticos de afectación grave de la salud de los trabajadores agrícolas y de las comunidades rurales, así como de expansión de territorios agrarios insalubres, cuyos ecosistemas se degradan irreparablemente. No sólo la innecesaria aplicación intensiva de químicos que contaminan y degradan la calidad del agua y alimentos, sino la depleción irresponsable de las fuentes de agua y la introducción no segura de usos tecnológicos de los transgénicos, de la nanotecnología, de la ingeniería del clima y de los nuevos recursos de la vida artificial, en un convergencia mortífera de sistemas que si bien aceleran las tasas de ganancia de los grandes negocios agrícolas, igualmente incrementan los ritmos de destructividad de una agricultura de la muerte. 

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Autor: Jaime Breilh
Edición: SIPAE / UASB
Año: 2011


El viejo esquema que establecía separación de campo y ciudad como sinónimos de un contraste entre lo industrial y tecnológico de la ciudad moderna, por una parte, y lo agrícola menos desarrollado y bucólico rural se ha disipado en el capitalismo actual.
 
La aceleración de la acumulación de capital opera tanto en la ciudad como en el campo bajo la lógica de una economía girada a la concentración de riqueza a pasos más rápidos y a expensas de la vida en los ecosistemas y la salud humana. En ese marco se descompone el papel de la agricultura como generadora de fertilidad y como productora de alimentos, y se convierte más bien en un espacio de acumulación de capital mediante la generación de mercancías. La nueva ruralidad es entonces un espacio de crecimiento de grandes monopolios agrícolas no sustentables y de una concomitante descapitalización y destrucción de las pequeñas y mediana economías campesinas. Un contexto en el que se desatan procesos críticos de afectación grave de la salud de los trabajadores agrícolas y de las comunidades rurales, así como de expansión de territorios agrarios insalubres, cuyos ecosistemas se degradan irreparablemente. No sólo la innecesaria aplicación intensiva de químicos que contaminan y degradan la calidad del agua y alimentos, sino la depleción irresponsable de las fuentes de agua y la introducción no segura de usos tecnológicos de los transgénicos, de la nanotecnología, de la ingeniería del clima y de los nuevos recursos de la vida artificial, en un convergencia mortífera de sistemas que si bien aceleran las tasas de ganancia de los grandes negocios agrícolas, igualmente incrementan los ritmos de destructividad de una agricultura de la muerte. 

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